Indignados de Valladolid

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Un ejercicio de metaperiodismo

“Hola, quisiera solicitar conocer si la reunión de la FAPE en Valladolid será  el 13 y el 14 de abril, y no como indica -seguramente por error- esta información;  también me interesaría conocer si está abierta al público en general y cualquier otra información que sobre ella que me pudieran facilitar (incluso darme de alta en su boletín de noticias). Un saludo y gracias por todo”.

[Bueno, la nota de arriba se refiere básicamente a un correo que mandé el 10 de marzo a comunicacion@fape.es . En realidad, la nota que me hubiera gustado mandar ya que en ella me equivoqué y escribí lo siguiente:

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La periodista Pilar Urbano se moja al hablar del rey

Como veníamos anunciando en Twitter, Superperiodistas cubrió el pasado martes (20 de marzo) la conferencia que dio en Valladolid la periodista e investigadora Pilar Urbano: ‘El precio del trono. Influencia en la corte del rey Juan Carlos’.

Para ello, una vez que la cita consiguiese llenar el aforo de la sala (casi 400 personas) y que la prensa registrara con amplitud la ponencia, (en otro post criticaremos la  forma) Supereperiodistas ha decidido ofrecer a nuestros lectores algo más, inaugurando de paso nuestro canal de YouTube -como ya hiciésemos antes con nuestra cuenta de Twitter y Facebook informando sobre un interesante seminario on-line y gratuito de fotógrafía y ética que trataremos de ofrecer, aunque sean solo algunos apuntes, proximamente-.

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El ritual

Supermán lo hacía sencillo, buscaba una cabina telefónica -cuando las había- daba al autocentrifugado y en un segundo estaba dispuesto. Parece mentira que solo tuviera que cambiarse el traje por la capa y ponerse el calzoncillo rojo por encima. Cuando regresaba de salvar al mundo a su oficio de aburrido periodista se le veía siempre mucho más apurado, ya no hacía falta ser rápido para salvar a un niño de caer por las cataratas del Niagra, no, debía de buscar, con su vistosa planta de superhéroe, el lugar dónde había dejado las gafas de pasta para que no se le rompiesen y esperar, con ansia viva me imagino, a que el traje estuviese en su sitio, (como si los ladrones sólo pudieran robarle al héroe todas las arrugas). En su cabeza debía de flotar siempre aquello de es más fácil salir del armario que volver a entrar discretamente.

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